“Sin el operador logístico, no hay soberanía económica en Argentina”.
Con casi tres décadas de experiencia en asesoramiento tributario y más de 20 años acompañando a la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos (CEDOL), Gabriela Rigoni se ha convertido en una referente clave para entender el impacto de la carga impositiva en el sector. Socia de Lisicki, Litvin & Abelovich (LL&A), combina su práctica profesional con la docencia, la investigación y la participación activa en espacios técnicos a nivel local e internacional. En esta entrevista, analiza los principales desafíos fiscales de la logística en Argentina, su impacto en la competitividad y la necesidad de una mirada más integral sobre una actividad estratégica para el desarrollo económico.
–¿Cómo fue tu recorrido profesional hasta llegar a especializarte en temas impositivos vinculados a la logística?
-Mi carrera se desarrolló principalmente en estudios especializados en materia tributaria, incluyendo firmas internacionales de auditoría y estudios boutique como el actual LL&A. A lo largo de los años trabajé con empresas de transporte local e internacional y operadores logísticos, lo que me permitió conocer en profundidad la dinámica del sector. Finalmente, me incorporé como asesora de CEDOL, a quienes acompaño desde el 2005. En ese camino, pude ver de cerca la evolución y creciente profesionalización de la logística en Argentina.
–¿En qué consiste hoy tu trabajo de asesoramiento a CEDOL y cuáles son las principales consultas que recibís?
-A lo largo de estos años abordamos múltiples temas: desde relevamientos de carga tributaria hasta propuestas de reforma fiscal para mejorar la competitividad del sector. También participamos en reuniones con autoridades fiscales para explicar las particularidades de la actividad y acompañamos al Consejo Directivo y a las empresas en una temática tan dinámica como la impositiva. Las consultas más frecuentes están vinculadas a reclamos fiscales que impactan no solo en los operadores, sino también en sus clientes. Un ejemplo claro es la implementación de regímenes de información que exigen presentaciones online y documentación en ruta, muchas veces sin contemplar la complejidad operativa de transportar múltiples cargas de distintos clientes hacia diversos destinos. Esto exige un esfuerzo adicional de coordinación y gestión para evitar que cuestiones formales afecten la operatoria.
–¿Cuáles son los impuestos que más impactan en la actividad logística y por qué?
-Hoy los que más afectan son el Impuesto sobre los Ingresos Brutos y las tasas municipales. En el caso de Ingresos Brutos, la multiplicidad de regímenes de retención y percepción genera una acumulación excesiva de pagos anticipados, que en algunos casos equivale a adelantar más de 10 años de impuesto. En cuanto a las tasas municipales, su cantidad y carga administrativa hacen que ciertas operaciones o radicaciones se vuelvan inviables o pierdan competitividad, incluso generando efectos contrarios a la recaudación. En ambos casos, el impacto no es solo fiscal sino también operativo y financiero para las empresas.
–¿Qué particularidades impositivas presenta la logística frente a otros sectores?
-La principal es la falta de comprensión sobre su alcance y transversalidad. La logística está integrada a la industria, el comercio y el consumo, requiere fuertes inversiones en tecnología y equipamiento, y opera con márgenes relativamente bajos. No puede soportar altas cargas impositivas sin trasladar esos costos al resto de la economía. Además, existe una percepción errónea sobre la rentabilidad del sector, sin considerar factores como los plazos de cobro, los costos financieros o la exposición permanente de activos en operación. Sin el operador logístico, no hay soberanía económica en Argentina. Su rol es esencial para conectar la producción con el consumo en todo el territorio.
–En un contexto de cambios frecuentes en las reglas de juego, ¿qué deberían seguir de cerca las empresas?
-Es clave contar con un asesoramiento impositivo proactivo y especializado en la actividad. Esto permite anticipar cambios, evitar costos innecesarios y acompañar adecuadamente la operatoria en un entorno normativo muy dinámico. La anticipación y el conocimiento específico del sector marcan la diferencia en este contexto.
–¿Cómo afecta la complejidad tributaria a la planificación y competitividad?
-Impacta directamente. La logística es un servicio a medida, por lo que cada operación requiere analizar su tratamiento fiscal específico. Comprender cómo tributa cada servicio permite definir costos correctamente y asegurar su sostenibilidad sin afectar la calidad. Una mala estimación impositiva puede comprometer seriamente la rentabilidad de una operación.
–La logística está atravesada por el federalismo. ¿Qué desafíos genera esto?
-La multiplicidad de jurisdicciones genera una carga impositiva superior a la prevista por las normas. Por ejemplo, distintas provincias aplicando retenciones pueden llevar a tributar muy por encima de las alícuotas nominales. A esto se suma la complejidad administrativa y el cumplimiento simultáneo de obligaciones propias y de los dadores de carga, lo que incrementa la exposición a sanciones. Esto obliga a las empresas a gestionar múltiples normativas en simultáneo, con alto nivel de exigencia.
–¿Cómo impacta esto en la operatoria diaria?
-Principalmente en el flujo financiero. La acumulación de retenciones implica adelantar impuestos durante años, lo que exige un seguimiento constante y genera costos adicionales en recursos humanos y asesoramiento. Estos son costos ocultos que terminan afectando a toda la cadena y, en última instancia, al consumidor. Además, incrementa la carga administrativa interna de las compañías.
–¿Qué recomendaciones darías a las empresas del sector?
-El asesoramiento preventivo y una adecuada planificación fiscal son fundamentales. Analizar cada contrato y operación permite optimizar la carga impositiva o ajustar precios de manera estratégica, evitando sorpresas y pérdidas de rentabilidad. Trabajar de manera anticipada permite tomar mejores decisiones y reducir riesgos.
–¿Sentís que ser mujer aportó una mirada diferente en tu trabajo?
-Sí, especialmente en la escucha y la apertura para comprender una actividad cada vez más compleja, donde es clave hacer las preguntas correctas para acompañar adecuadamente a los operadores. También, destaco la apertura del sector logístico: hace 20 años era la única mujer en el Consejo Directivo de la Cámara, algo poco habitual en ese momento, y que con el tiempo fue cambiando con una mayor participación femenina. Vale reconocer a quienes impulsaron ese camino desde el inicio, en especial al entonces presidente Jorge López, junto a todos los miembros del Consejo que sostuvieron esa inclusión a lo largo de los años.
–Para cerrar, ¿qué te gustaría agregar?
-Creo que aún falta dimensionar la importancia de la logística en la vida cotidiana y en el desarrollo económico. Es un sector altamente profesionalizado, competitivo y tecnificado. Entender su rol es clave para avanzar hacia un esquema impositivo más razonable y garantizar que los bienes lleguen de manera eficiente a todos los destinos del país. Generar mayor conciencia sobre su valor es fundamental para su desarrollo.